Entre todos los valores humanos y actitudes que podemos tener en el entorno laboral que nos representa en este blog (el desarrollo de software y todos los roles relacionados con entregar funcionalidad a un cliente), uno de los más importantes que identifico es tener predisposición positiva. Aunque, me parece una actitud muy difícil de «aprehender», si no casi imposible.
¿Qué significa tener predisposición positiva?
¿Has entrado alguna vez al ambulatorio de tu barrio con una duda y te han respondido desde el mostrador como si te echaran la bronca? Eso es lo contrario a tener predisposición positiva. ¿Te ha dicho tu jefe alguna vez: «vamos a probar esta cosa nueva» y has pensado «socorro, otra idea inútil que no va a ir a ninguna parte»? Ahí has tenido lo contrario a predisposición positiva. ¿Le has preguntado a un informático cuánto iba a tardar en hacer una funcionalidad y te ha respondido muy borde? Eso es lo contrario a tener predisposición positiva.
Si buscamos «predisposición» en el diccionario, vemos:
-
1.Ánimo o disposición para hacer algo antes de que sea el momento.«tiene muy buena predisposición para encarar el trabajo»
-
2.Tendencia a experimentar o sufrir algo.«una innata predisposición al desamparo»
Y si buscamos el adjetivo «positiva»:
-
1.Que es cierto o real, o no ofrece duda alguna.«el enfermo experimentó una mejoría positiva»
-
2.Que produce algún beneficio o resulta favorable para algo.«su presencia resulta positiva para todos nosotros»
Así que me permito interpretar el significado de predisposición positiva en el contexto de este blog, donde hablamos de desarrollo de software con una cultura ágil, sería: «tener una tendencia anticipada de pensamiento positivo». Con otras palabras: pensar bien de los demás antes de poder pensar mal.
¿Por qué necesitamos tener predisposición positiva en una cultura ágil?
Porque realmente una cultura ágil se basa en la pura colaboración, y funciona con esa premisa de base. Será imposible que diferentes roles con diferentes enfoques se lleguen a entender si la gente no quiere entenderse.
No dejo de verlo a mi alrededor, y es como un cáncer:
- Jefes de departamento que piensan que sus empleados no se enteran bien de las cosas, que no están alineados con el propósito del negocio. Que van por libre muchas veces a elección propia.
- Stakeholders que creen que nadie en el mundo los entiende, se sienten incomprendidos y reaccionan a la defensiva hacia los equipos de producto.
- Product Owners que piensan que a los stakeholders solo les importa su proyecto y nada más. Y que los desarrolladores a veces se lían demasiado con querer hacer las cosas «a su manera», en lugar de en la manera en la que hay que hacerlo.
- Scrum Masters incomprendidos que solo ellos saben cómo seríamos todos más eficientes, pero el resto del mundo no tiene ni idea, ¡ni quiere tenerla!
- Desarrolladores que están convencidos de que los desarrolladores de otro equipo no analizan tan bien los problemas como ellos sí hacen.
En todo esto hay mucho tema de ego también, ahora que me doy cuenta… Un ego tan grande que no te deja ver lo que hay detrás, jaja.
Pero bueno, volviendo al tema, se establecen unas creencias que se van afianzando en los cerebros de todos nosotros y van guiando nuestras interacciones (o nuestra falta de interacción). ¿Problema? La comunicación no fluye de forma sana. Hay mucho que no se dice y que queda escondido, causando mucho mucho daño.
¿Por qué cuesta tanto adquirir una predisposición positiva?
Cuando ciertos pensamientos se van repitiendo en nuestras mentes, se van generando creencias y éstas se graban a fuego en nuestros cerebros. Digamos que el cerebro es tan inteligente que va sacando conclusiones y patrones de nuestros propios pensamientos; nuestros aprendizajes. Cuando detecta un aprendizaje válido para ti, lo guarda, como oro en paño, para tu propia supervivencia. ¿Te acuerdas de la película Inside Out de Pixar? A parte de ser preciosa es que enseña mucha psicología, jaja, allí visualizan esto estupendamente.
En el video se ve cómo diferentes experiencias vividas crean recuerdos y aprendizajes que guardamos en la memoria, a veces para toda la vida.
Por eso es tan difícil volver a pensar bien de alguien cuando ya le has colocado una etiqueta en tu mente, cuando ya lo has categorizado. Resetear ese prejuicio que tienes hacia esa persona no es fácil, es un ejercicio de mindfulness (¡toma palabra de moda!) de los que cuestan mucho esfuerzo.
¿Cómo he ejercitado yo este reseteo en mí misma y en los demás? -por ejemplo, en un equipo Scrum al que acompaño, donde la predisposición para hablar con un stakeholder es superior a ser negativa-. Forzando la colaboración.
Vale, venga, ¿qué puedo hacer para cambiarlo?
Bajo mi propia experiencia: fuerza la colaboración. Exponte más aún a la interacción con esa persona que no quieres ni ver en pintura, jaja. Suena duro, pero muchas veces los prejuicios los habías formado por no poner pensamientos en común con esa persona, o no haber trabajado codo con codo, o simplemente no entender su contexto.
Y seguramente no basten un par de ocasiones, sino que habrá que trabajar colaborando juntos durante muchos meses para llegar a entendernos, pero para eso también hay que poner en práctica la paciencia. Ponerse en la piel de la otra persona (los ejercicios de role play, donde un stakeholder se pone en la piel de un desarrollador y viceversa hacen mucho bien) ayuda a empatizar y entender sus motivaciones.
Tenemos tantos prejuicios, por ser seres humanos, y tantos otros en torno a roles en nuestra profesión, que no nos damos cuenta cuando etiquetamos de más a las personas que nos rodean.
Cuando no quieras hablar con una persona, o te dé pereza preguntar a alguien una duda/inquietud, o de primeras pienses mal de algo que te hayan contado… Reflexiona. ¡Piensa cuánto prejuicio tuyo hay en tu reacción y cuánta predisposición positiva te falta! Y luego, corrígela 🙂